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INFANCIA...DONDE ESTAS?

Por: Dra. Nadia Gibaja


Hace unos días asistí a una reunión social donde casi no conocía a nadie salvo la persona que me cursó la invitación.


El ambiente era muy agradable y familiar, habían parejas con niños, gente más joven, más anciana, y todo se desenvolvía armoniosamente dentro del quincho de un club.


El quincho en cuestión quedaba alejado de la zona de los baños, y para llegar había que atravesar una cancha de básquet. Era una noche fría, así que tuve que hacer ese recorrido un par de veces.


En una de las ocasiones, al regresar de los sanitarios, me topo con la siguiente escena: en la cancha de básquet había tres varones, de entre 8 y 10 años, “jugando”.


El juego consistía en lo siguiente… Uno de los niños estaba atado por el cordón de la capucha de su abrigo al caño que sostiene el aro de básquet, con la nariz contra el caño… Otro de los niños lo sostenía por la espalda apoyando su pene contra la cola de su compañero de juegos… Y el tercero azuzaba la situación con las siguientes textuales palabras que no dejan de resonar en mi cabeza: “Violale, violale más duro, ¡hasta que se te rompa la pija!”.


Al ver la situación, un escozor me empieza a subir desde los pies, me quedé tan helada como la noche misma. Con espanto y miedo detengo mi caminata para mirar a ver si lo estaba violando realmente. Con alivio advierto que no, “solo era un juego”, un juego morboso.


Cuando los nenes notan mi presencia, los dos que estaban desempeñando el rol de perpetradores de la violación ficticia, echan a correr, el tercero, atado al caño, al no lograr desatarse, comenzó a gritar para que los otros dos vuelvan a desatarlo, porque era de noche y no quería quedar solo en esa situación, gritaba “¡tengo miedo!”, ese miedo que los niños le tienen a la oscuridad de la noche, pero evidentemente no le tienen a las violaciones, si es que dimensionan y entienden lo que eso representa y significa, que no creo, o quiero creer que no.


Hoy pienso en todo lo que debería o podría haber hecho, desde acercarme a desatarlo, hasta detener a los otros dos y charlar con ellos para decirles que eso no es un juego, llamar a los padres, no sé, muchas cosas, que no hice, porque, una vez que los dos nenes salieron corriendo, solo seguí caminando hacia el quincho.


Cuando ingreso al lugar me quede un momento como suspendida, una catarata de pensamientos me invadió cuando empecé a dimensionar la gravedad de lo que había visto. A los pocos minutos entran los tres niños, como si nada, y se ponen a comer torta.


Luego de un rato me fui, así, sin hablar con los padres de esos chicos, a quienes no conocía y tampoco identifiqué dentro de la fiesta, sin hablar tampoco con los niños, sin hacer nada de nada.


En ese momento pensaba que podía caer pesado a los padres que una desconocida venga a comentarles semejante cosa de los hijos, que podían pensar que yo era una retorcida y me trataran de mentirosa, que algún padre se saliera de sus casillas y los reprendiera con violencia… Tampoco podía en ese momento juzgar si ese es un juego “común” entre varones, si es algo que sucede a menudo y yo al intervenir solo estaba avergonzándolos.


Hoy creo que lo correcto hubiera sido acercarme a los padres y, con mucho tacto y respeto, comentarles los que vi midiendo mis palabras en función de sus reacciones, no sé… Lo cierto es que no hice nada.


Y ahora estoy frente a la pantalla desahogando pensamientos y haciéndome mil preguntas, y teniendo que reconocer como única certeza que hemos naturalizado culturalmente la violación de tal manera que la hemos convertido en un juego de niños…


¿Qué implicancias tienen estos juegos en la futura vida adulta de estos niños?, ¿Qué significa que haya niños jugando a violar y ser violados?, Si de niños juegan a esto ¿con qué cosas se divertirán cuando sean adolescentes?, ¿y de adultos?, ¿por qué vías la infancia tiene acceso a este tipo de conceptos?, ¿qué clase de contenido reciben de los adultos y los medios?, ¿sabrán los padres que sus hijos juegan juegos violentos y peligrosos?, ¿son peligrosos estos juegos?, ¿sabrán los niños lo que significa violar o que te violen?, ¿habrán estado expuestos a alguna situación de abuso?, ¿la mayoría de los chicos de 8 o 10 años juegan a estas cosas?


Somos seres sexuales, nos erotizamos de diferentes maneras en las distintas etapas de nuestras vidas, desarrollamos nuestra sexualidad a medida que vamos madurando, etc…


Todo eso lo tengo presente, pero lo que me hace una bulla insoportable es el nivel de perversión y crueldad que había en el juego, el tono violento y agresivo del lenguaje oral y corporal de estos chicos, que no los condeno, ni juzgo, ni conozco, pero que evidentemente se regodeaban en el morbo de la situación que fingían jugando.


¿Tan podrida está la sociedad que a los nenes les divierte jugar a violar y ser violados?

De nuevo ¿sabrán qué significa eso?


¿Cuál es nuestro rol como adultos?, ¿debemos empezar a concientizar a los niños de estos horrores desde tan chiquitos para que entiendan que no es gracioso, que está mal, por qué está mal, que ocurre en la realidad y destruye vidas, que no deben hacerlo en chiste porque no es un chiste?, ¿estamos ante una problemática social o son casos aislados?, ¿existe algún protocolo de actuación ante estos escenarios?, ¿estamos preparados para cuidar la infancia en un mundo globalizado e hipercomunicado?


Inocencia ¿dónde estás?

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